Política
Las restricciones de la Zona de Bajas Emisiones y el plan climático de Barcelona implican gastos y obligaciones para los vecinos
Las normas de acceso a la ciudad y una inversión municipal de 563 millones de euros en el marco de las políticas medioambientales de Barcelona pueden suponer costes adicionales para los hogares, desde multas hasta trámites de cumplimiento normativo.
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La Zona de Bajas Emisiones de Barcelona abarca más de 95 km² y prohíbe circular por ella, de lunes a viernes entre las 7 y las 20 horas, a los vehículos que no cuenten con una etiqueta medioambiental de la DGT. Las infracciones pueden acarrear multas de hasta 200 euros. Los vehículos con matrícula extranjera deben inscribirse previamente en el Registro Metropolitano de Vehículos Extranjeros antes de acceder a la zona, y podrán optar a permisos de mayor duración únicamente si cumplen los requisitos medioambientales establecidos.
El Plan Clima 2018-2030 de la ciudad tiene como objetivo reducir en un 50 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 1992 antes de que acabe esa década. Para ello, destina 563 millones de euros a 103 medidas que incluyen la ampliación de las zonas de bajas emisiones y la instalación de paneles solares. Barcelona declaró la emergencia climática en enero de 2020 y, desde 2015, ha registrado una caída del 31 por ciento en los niveles de contaminación atmosférica gracias a las actuaciones en materia de movilidad sostenible.
Normas de circulación diaria y gastos domésticos
Los residentes que posean o utilicen vehículos dentro de la zona deben obtener la etiqueta medioambiental correspondiente para evitar multas durante las horas de restricción. Los vehículos con matrícula extranjera utilizados por residentes o visitantes deben pasar además por un trámite previo de inscripción en el Registro Metropolitano de Vehículos Extranjeros. Todos estos pasos generan costes directos que pueden repercutir en la economía familiar cuando es necesario gestionar etiquetas, permisos o hacer frente a sanciones.
Las operaciones de los cruceros son responsables del 28,5 por ciento de las emisiones de óxidos de nitrógeno cancerígenos en la ciudad. La generación de residuos per cápita alcanza hasta 500 kg anuales, una parte considerable de los cuales se atribuye a la actividad turística. Ambos factores aumentan la presión sobre los servicios municipales de residuos y calidad del aire, financiados con los presupuestos municipales que costean los vecinos.
Inversión municipal y perspectivas de cumplimiento futuro
La inversión de 563 millones de euros respalda medidas que ya han contribuido a la reducción de la contaminación registrada. Los vecinos se ven afectados por estas políticas a través de las restricciones de circulación, los trámites de registro y los proyectos de infraestructura financiados por el Ayuntamiento. El Plan Clima prevé nuevas reducciones de emisiones antes de 2030 dentro del mismo marco de zonas de bajas emisiones y expansión de las energías renovables.
Los hogares de la ciudad siguen adaptándose a estas normativas mientras el Registro Metropolitano de Vehículos Extranjeros y las oficinas municipales de medio ambiente gestionan los permisos y velan por su cumplimiento. Los planes documentados no contemplan plazos adicionales más allá del objetivo fijado para 2030.